
Mi padre, un aficionado empedernido a la cultura marroquí, viaja de vez en cuando a este exótico país para aprender algo más sobre sus costumbres y su historia, y siempre que lo hace, me trae algún regalito de recuerdo. Así, además de tener en mi armario algunas de las ropas típicas femeninas de las mujeres islámicas, un juego de té (con su tetera) y la receta de algunos de los platos más exquisitos que he probado nunca -mi comida preferida es, de hecho, el cus cus-, ahora también tengo la prueba fehaciente de que los gatos marroquíes duermen la siestas tan a pata suelta como los españoles 
Aquí la tenéis:
La calidad no es muy buena, porque es una foto de las de toda la vida escaneada, pero no me digáis que no es el mejor resumen en imagen que habéis visto de la ocupación principal de un gato (independientemente de su nacionalidad) 
Aprovecho para darle las gracias a mi padre por la foto, que me hizo mucha ilusión que te acordaras de mí cuando los viste y te molestaras en fotografiarlos, con lo poco que te gustan!! 